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Mis Relatos
04 de Septiembre de 2007
De vuelta a Ponce ( 1ra parte)
Permítanme ser un poquito yoista en este relato: porque voy a hablar de Ponce, mi pueblo natal y muchas de las cosas de las cuales voy a hablar solo los ponceños las van a comprender... Pero puede continuar leyendo, porque voy a tratar de que me entiendan todos los que sienten amor por el pueblo que los vió nacer.
Despidiendo el 2005 y entrando el 2006 decidimos ir a Puerto Rico para la fiesta grande de año nuevo y pasar por allá el día de Reyes. Uno de los días lo dedicamos a visitar mi pueblo de Ponce para que mi hija y su gringo esposo lo conocieran.
La primera vuelta fue por la calle Estrella en donde me crié. Fueron solo minutos, pero mi espiritu y memoria retrocedieron años en tiempo y espacio. La casa en donde vivía ya no existe. Muchas de las otras están vestidas de nuevo aunque conservando su gallardía original. Mi mente marchó décadas atrás y volví a ver a Pancho Coimbre caminando desde su casa y parando frente a la de sus hermanas que quedaba justo en frente a la mía. Pancho Coimbre fue una gloria en el beisbol de Puerto Rico. Yo lo conocí viejo cuando ya no jugaba y era coach de tercera base con los Leones del Ponce. Fue él, el que me llevó por primera vez a ver un juego de pelota en el Paquito Montaner. Pancho vestía siempre con gabán y corbata y los zapatos bien "brilla'os haciendo juego con su pelo abrillantado con brillantina "Alka" (la del peinado perfecto). Todas las tardes me llamaba y me daba cincuenta centavos para comprar una "mixta", (arroz, habichuelas y carne guisada) en la fonda que quedaba en la calle Guadalupe, más allá de "Tumba la Vieja". La mixta no era para él sino para un perro grande que tenía. Pancho murió quemado en su casa al no encontrar en el apuro de la noche y las llamas, las llaves del portón de rejas.
Las hermanas de Coimbre junto con Isabel, eran el “Imparcial” (un periódico amarillista) del barrio. Conocían la vida y milagro de todos a la vuelta redonda. Eran ellas la que organizaban "las Fiestas de Cruz" y eran ellas las que adornaban el más bello árbol de Navidad que recuerdo. ¡Estadistas hasta la muerte!

Pasé por lo que era la Cárcel de Ponce justo al final de la Estrella y conectada por un callejón. Volví en mi mente a ver a los presos caminando en fila con escoba en mano y los carretones de drones llenos de basura. De niño, esperaba el desfile por la mañana y por la tarde cuando los presos salían a barrer las calles del pueblo. Yo no sé por qué, pero en aquel tiempo hasta los presos eran diferentes... Recuerdo que al fondo de la carcel vivía el alcaide de la prisión, don Ernesto Alcalá. Allí yo jugaba con sus hijos y los presos eran quienes limpiaban su casa y los alrededores. No sé, eran buena gente...

Un poco más abajo y al terminar esa calle estaba el Río Portugués. Allí tiré piedras en bruto. Al otro lado del rio se encontraba el Club Deportivo de Ponce para la gente “encopetada”. Yo me limitaba a ligar las muchachas en traje de baño que se metían en la única piscina que yo había visto en mi vida y a escuchar las orquestas que tocaban los "Té Danzants" o las fiestas de época.

Calle Estrella más arriba pasé por la casa del Doctor Hoyos y recuerdo el revolú que una vez se formó frente a su casa. La Tienda de Don Juan en la esquina y la oficina del abogado Lugo Bugal no se pueden olvidar. En la tienda de don Juan se compraban limbers de todos los sabores por un chavo y tenias la oportunidad de llevarte dos limbers , si al depositar la moneda por un rotito en la tapa de un envase de cristal lleno de agua, el chavo caía en un vasito de cristal al fondo del envase. En aquella calle despedimos el año muchas veces al son de petardos y ciquitraques y escuchando por la Radio El Brindis del Bohemio en la voz de Juan Yibre. Los bochinches y garatas de vecinos se olvidaban. Era mágico... borrón y cuenta nueva.
Pasé por lo que era el Rívoli y ví a "Maruca" todavía descalzo cortando la envoltura del dulce que vendía hasta lograr tener la silueta tuya para luego vendértela. Junto a él y dirigiendo el tráfico o presidiendo los funerales ví a "Uvita", flaco, en etiqueta o en uniforme, como fuera la ocasión

Pasé por la Plaza de la Delicias y escuché la Banda de los bomberos tocando las Danzas de Morell o los Danzones antiguos. Me remonté a la salida dominical para ver las "retretas" en donde las muchachas caminaban en contra de las manecillas del reloj y los muchachos a favor para encontrarse y verse de frente al son de la banda que tocaba su música. Pude tambien ver a don Andrés Grillasca vestido de blanco de arriba a abajo.
Pasé por mi escuelita Ramiro Colón Colón y recordé a la más eficiente principal que una escuela pudiera tener, Doña Judith Rodríguez. Recuerdo a mis maestras, "Misis" Caratini y a "Misis Pou, la hermana del pintor (así se les decía a las maestras aunque fueran "jamonas").

Uvita con su traje y carbata blanco

aaaaaaaaaaaaiii